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ANÁLISIS ESTRUCTURAL DEL SISTEMA EDUCATIVO DE TURQUÍA Y DISEÑO DE SU FUTURO

ANÁLISIS ESTRUCTURAL DEL SISTEMA EDUCATIVO DE TURQUÍA Y DISEÑO DE SU FUTURO

El factor más importante para construir el futuro de un país es la calidad de la educación que se imparte en él. Porque la educación es el pilar fundamental del desarrollo individual y del progreso social. Aunque en los últimos años nuestro país ha registrado avances cuantitativos importantes en ámbitos como la tasa de escolarización, el número de aulas y la proporción del presupuesto destinada a la educación, se observa que persisten profundas crisis estructurales en cuanto a la calidad, los métodos de enseñanza y los procedimientos de evaluación.

La educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos; es un esfuerzo por formar personas y construir una sociedad y una civilización. El sistema educativo que necesitamos hoy debe formar a personas que se nutran de las raíces y los valores de su propia civilización y que, al mismo tiempo, estén en armonía con el acervo universal de la humanidad. No debe pasarse por alto que los sistemas centrados exclusivamente en el éxito técnico y académico, que descuidan los valores morales y humanos, provocarán alienación individual y erosión de los valores.  

En Turquía, el sistema educativo se ha convertido en un mecanismo de selección mediante exámenes eliminatorios que, en lugar de desarrollar el potencial de las personas, las prepara para pruebas periódicas. En particular, el actual sistema de exámenes ha separado el aprendizaje del proceso de «comprender y aplicar», reduciendo el conocimiento a la capacidad de encontrar la opción correcta en preguntas de respuesta múltiple. En lugar de una estructura en la que un único examen determina el futuro, hace falta un método de evaluación centrado en el proceso, que tome como base el desarrollo individual del alumno, sus proyectos y sus presentaciones.

Los exámenes y las tareas deben evaluar capacidades como el pensamiento analítico, la resolución de problemas, la generación de ideas originales y la transferencia de conocimientos, en vez de los conocimientos memorizados. Los exámenes centralizados que se aplican actualmente, como el Sistema de Acceso a la Enseñanza Secundaria Superior (LGS) y el Examen de Acceso a las Instituciones de Educación Superior (YKS), orientan a los alumnos no hacia la reflexión profunda, sino hacia la «memorización de tipos de preguntas». Puede decirse que este sistema competitivo y centrado en los exámenes, que también atrofia la capacidad de pensar de manera analítica, sintetizar y producir contenidos originales, tiene un efecto negativo sobre la salud mental, la confianza en sí mismos y la motivación para aprender de los alumnos.

Otro problema del sistema educativo es la desigualdad de oportunidades. El nivel de ingresos de las familias, sus recursos socioculturales, la región donde se encuentra el centro y la diversidad de tipos de escuelas generan desigualdades de oportunidades entre los alumnos. Incluso entre centros que siguen el mismo currículo se aprecia una profunda brecha en las infraestructuras, los recursos tecnológicos y la calidad del profesorado. Los datos del MEB, la OCDE y PISA muestran que las diferencias de rendimiento y de recursos entre los centros de Turquía alcanzan dimensiones alarmantes. Por ejemplo, los resultados de PISA indican que la diferencia de rendimiento entre los institutos de ciencias y los de formación profesional y técnica supera los 200 puntos en matemáticas y los 180 puntos en ciencias. Es difícil hablar de igualdad de oportunidades entre centros que, pese a enseñar siguiendo un mismo planteamiento curricular, difieren en recursos y capital social. De hecho, se observa que cada año cientos de miles de alumnos quedan fuera de los centros de su elección considerados de calidad en sistemas centralizados de selección como el LGS. Esta situación provoca una pérdida de motivación y una desvinculación temprana de la educación.

Las carencias curriculares de las instituciones de formación del profesorado, los problemas de calidad en el acceso a la profesión y el debilitamiento del prestigio social de la docencia también pueden contarse entre los ámbitos de crisis de la educación. El docente no es una «figura pasiva» que transmite conocimientos; debe asumir el papel de «guía» que alimenta la curiosidad de los alumnos, plantea preguntas críticas y orienta el desarrollo de su personalidad. De lo contrario, será difícil que prosperen los nuevos proyectos educativos.

En el sistema educativo actual, en lugar de asimilar los conocimientos y aplicarlos a la vida real, se sigue un proceso mecánico por el que se recuerdan durante el examen y se olvidan después. Por ello, conviene sustituir el enfoque que convierte al alumno en un ser «pasivo» por otro que lo haga un «sujeto activo», que cuestione, produzca conocimientos y desarrolle soluciones.

Aunque las evaluaciones internacionales señalan que nuestro país ha logrado una mejora gradual en el desarrollo de las infraestructuras escolares y en el aumento del número de alumnos de educación básica, se desprende que la proporción de estudiantes que obtienen buenos resultados en las pruebas de pensamiento crítico, resolución de problemas y comprensión lectora se mantiene en el 5 %. Esta cifra queda muy por debajo de la media de la OCDE, situada en el 9 %. En el sistema actual, se considera que tienen éxito los alumnos que identifican la opción correcta en las preguntas de los exámenes de respuesta múltiple. Sin embargo, también es cierto que son prácticamente inexistentes los alumnos capaces de explicar en unas pocas frases la respuesta correcta que han marcado.

Según los datos de PISA, mientras que la media de la OCDE en la categoría «Aprendizaje en el mundo digital» es de 500 puntos, Turquía se sitúa algo por debajo, con 473 puntos. Si se tiene en cuenta la distribución desigual de los recursos digitales entre los centros, se comprende que también es necesario mejorar en este ámbito. Asimismo, se observa que la educación tecnológica en nuestro país no ha logrado ir más allá del suministro de dispositivos y que actividades como el pensamiento computacional, la programación y la creación de contenidos no se han integrado plenamente en el currículo.

Conviene reorganizar todos los elementos de la educación conforme a las condiciones de nuestra época, desde los requisitos de admisión en los centros hasta el currículo, las plazas disponibles, los métodos de enseñanza, la comunicación con las familias, la evaluación y la formación para ejercer una profesión. Así, el entorno escolar puede convertirse en un espacio seguro donde la justicia, la honradez, el respeto y el mérito se vivan en la práctica.

La educación obligatoria organizada según el modelo 4+4+4, de 12 años de duración y aplicada en los últimos años, provoca, por un lado, escasez de trabajadores en actividades como la agricultura, la ganadería, el aprendizaje de oficios y la artesanía en nuestro país; por otro, crea un entorno en el que los alumnos que estudian solo por obligación, sin desear hacerlo, suponen un obstáculo para quienes realmente quieren estudiar. Puede decirse que este modelo también es una de las principales causas del acoso escolar y de otras formas de violencia que se producen en los centros.

Revisar el sistema de formación del profesorado es también una necesidad importante. Porque el docente es uno de los factores que más influyen en el éxito escolar. Por ello, la profesión docente necesita una transformación cualitativa. Una posible solución sería reducir las plazas de las facultades de educación que forman al profesorado en función de las necesidades y exigir para el acceso una nota situada en el 10 % superior de las calificaciones de ingreso a la universidad. Así se eliminarían también las frecuentes sospechas de irregularidades en las entrevistas para la adjudicación de plazas docentes.

Los problemas educativos actuales de Turquía son demasiado profundos para resolverse con cambios periódicos del currículo o con modificaciones de los nombres de los exámenes. Por ello, es imprescindible convertir los logros cuantitativos, como la escolarización y el número de aulas y docentes, en un avance cualitativo. Porque los sistemas educativos que se centran únicamente en el éxito técnico y académico y descuidan los valores morales y humanos pueden provocar alienación y erosión de los valores, tanto a escala individual como social.

La nueva concepción educativa que necesita nuestro sistema nacional de educación consiste en un enfoque integral que una el profundo legado del pasado con las exigencias del futuro, que no se aferre ciegamente al pasado ni se aleje de sus propios valores, y que sitúe en su centro la razón, la conciencia y la capacidad de crear y producir. Según este enfoque, valores como la justicia, la compasión, el mérito, el respeto al medioambiente y el sentido de la responsabilidad deben abordarse no solo como una asignatura teórica, sino como una cultura institucional viva y una formación del carácter.

Para un «Modelo de Educación Integral» pueden proponerse los siguientes puntos:

  1. El sistema de educación integral debe servir de puente entre la tradición y el futuro. En lugar de encerrar el potencial de los jóvenes en esquemas memorísticos, debe aspirarse a formar personas íntegras y maduras, capaces de adquirir conocimientos, conocer distintas opciones, cuestionar, crear cosas nuevas y poner lo que producen al servicio de la humanidad.
  2. Nuestra época está marcada por la digitalización, la inteligencia artificial, la biotecnología y el rápido flujo de información. Debemos liderar esta transformación no como meros consumidores de tecnología, sino ofreciendo un marco ético sólido que sitúe en su centro la dignidad humana, la conciencia ambiental y la justicia. Pasar de una estructura memorística y centrada en los títulos a un modelo basado en el carácter y el mérito no es posible únicamente cambiando el currículo; exige también transformar de manera integral la mentalidad, la evaluación y la cultura escolar.
  3. Los contenidos de las asignaturas deben animar a los alumnos a formular preguntas, plantear hipótesis e investigar, en lugar de ofrecerles conocimientos ya elaborados. Los conocimientos no deben abordarse de manera aislada, sino desde una perspectiva integral en la que la ciencia, el arte, la filosofía y la ética entren en contacto.
  4. En lugar de una estructura mecánica en la que un único examen determina el futuro, debe adoptarse un sistema basado en el desarrollo del alumno a lo largo de su proceso educativo, sus proyectos y su desempeño. Los exámenes y las tareas deben evaluar no los conocimientos memorizados, sino el pensamiento analítico, la resolución de problemas y la generación de ideas originales.
  5. La duración de la educación obligatoria según el modelo 4+4+4 aplicado en los últimos años debe reconsiderarse de acuerdo con las necesidades de empleo de nuestro país y las demandas de las familias y los alumnos. En particular, debe reconocerse como un problema la existencia de quienes desean trabajar como aprendices o maestros artesanos, o dedicarse a la artesanía, el pastoreo o el trabajo agrícola, así como de alumnos sin interés por estudiar que impiden a sus compañeros recibir una educación en condiciones adecuadas. Para resolver este problema, tras una educación básica obligatoria cuya duración debe acortarse, las plazas de acceso a la enseñanza secundaria superior y a la universidad deben fijarse en función de las necesidades.

Prof. Dr. Hüseyin Yılmaz

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