
Definición metafísica y lingüística del concepto de destino: En la tradición de la teología islámica, el significado léxico de destino es «lo que ha sido decretado». En esencia, el destino se entiende como el establecimiento, desde fuera del propio ser humano, de unos límites para él, dentro de los cuales transcurre su existencia. Este concepto, que influye profundamente en la vida humana, se asienta sobre una amplia base metafísica que abarca desde el surgimiento de la existencia hasta los principios de su funcionamiento.
Distorsiones de la concepción del destino y el discurso del «prisionero del destino»: Cuando la naturaleza ontológica y epistémica de la cuestión del destino no se analiza desde una comprensión adecuada, surgen graves desviaciones en la manera de entender el concepto, tanto en la cultura popular como en los discursos superficiales.
Ver el destino como un elemento de conflicto: refugiarse, ante las adversidades, en expresiones superficiales y vacías como «Mi destino me ha jugado una mala pasada». Eludir la responsabilidad: no asumir las consecuencias de los propios actos y presentarse como un «prisionero del destino» pasivo o como un mero figurante. Ignorar la voluntad: el error de concebir el destino como un ámbito de necesidad mecánica y opresiva que paraliza por completo la voluntad humana.
El decreto divino y la voluntad universal como fundamento de la existencia: La dimensión ontológica del destino se refiere al fundamento de la existencia que comienza con la creación de la Tierra y de todo el universo. El Creador ha determinado de antemano qué habría de existir, cómo funcionaría y con qué propiedades y leyes perduraría. El curso regular del universo conforme a estos principios fundamentales constituye el «decreto universal» o «destino ontológico». El poder y la posibilidad de intervenir en este ámbito ontológico pertenecen exclusivamente a Allah (voluntad universal); ningún ser creado, incluido el ser humano, tiene capacidad de disponer de este fundamento estructural ni de intervenir en él.
Comparación entre el decreto absoluto y el decreto particular/limitado (condicionado): Decreto absoluto (destino universal): abarca la dimensión ontológica de la existencia, las leyes universales y el marco general del curso de la vida. Ninguna criatura puede intervenir en él. La voluntad universal (es exclusiva de Allah). Decreto condicionado (destino particular): es el ámbito limitado de intervención vinculado a la prueba de la vida, en el que el ser humano puede elegir sus acciones en el plano del conocimiento. Constituye la base de la recompensa y el castigo. La voluntad particular ha sido otorgada al ser humano…
La razón de la existencia del ser humano en la Tierra es ser sometido a una prueba. La existencia de esa prueba exige, a su vez, un ámbito en el que las acciones puedan realizarse libremente. Precisamente, la dimensión epistémica del destino permite que el ser humano intervenga en el plano del conocimiento y la comprensión. Gracias a la voluntad particular que le ha sido concedida, puede intervenir en la vida, en los objetos, en los acontecimientos y en los fenómenos, darles forma y tomar decisiones.
La relación entre libertad y responsabilidad: La posibilidad de que el ser humano intervenga en los acontecimientos en el plano epistémico (voluntad particular) constituye su ámbito de libertad. Sin embargo, esta libertad no equivale a actuar sin límites. Este ámbito concedido al ser humano configura directamente su esfera de responsabilidad. Conforme al mandato divino del Sagrado Corán «Entrad todos en la paz/el islam», la responsabilidad de instaurar en la Tierra un entorno de paz y seguridad recae sobre el ser humano que actúa con libre voluntad.
La estructura antropológica del ser humano: los conceptos de «injusticia» e «ignorancia extrema»: El ser humano es la única causa de la corrupción y el deterioro en la Tierra, pues las demás clases de seres no poseen una estructura volitiva que abra la puerta a la corrupción. Los conceptos empleados en el análisis antropológico del ser humano en el Corán ponen de manifiesto esta situación: ignorancia / ignorancia extrema: aquí la ignorancia no es una simple falta de conocimiento. Comprende comportarse con rudeza, mostrar ingratitud, encubrir la verdad, la realidad y lo correcto (negación/incredulidad), así como actuar impulsivamente.
Injusticia / injusticia extrema (opresión): es la situación en la que el ser humano, privado de la luz de la verdad, permanece en la oscuridad, no logra encontrar por sí mismo el camino correcto y, al actuar en esa oscuridad sin conocimiento o de manera impulsiva, comete injusticias y ejerce opresión tanto contra sí mismo como contra quienes lo rodean.
La búsqueda del camino recto: revelación, sunna y dos desenlaces distintos: La única manera de liberarse de la espiral de injusticia e ignorancia es someterse plenamente a los principios comunicados por la revelación y seguir la guía y las enseñanzas del Profeta. Ante el ser humano se abren dos caminos distintos de acción y desenlace: el camino del bien (proceso de recompensa)
Emplear la voluntad particular en favor del bien, la paz y la rectitud (el camino recto).
Mantener de forma constante las acciones en consonancia con los principios del Corán y la sunna.
Que la determinación humana orientada hacia el bien se integre en el decreto divino (voluntad universal) y adquiera así carácter absoluto.
Apartarse del mal y de los malvados y alcanzar la recompensa del paraíso como parte de «los buenos». La elección del mal (proceso de castigo): desatender los mandatos y las prohibiciones divinos e ignorar las advertencias del Profeta. Ser esclavo de los deseos del yo, de sus ambiciones y de su afán de poseer bienes terrenales. Que los corazones queden sellados y se nuble el discernimiento como consecuencia de emplear la voluntad en favor del mal.
Que los transgresores que cierran sus oídos a la verdad se enfrenten a «un gran tormento» (azabun azim).
El caos que surge del conflicto entre múltiples voluntades: En el plano social e histórico no existe una sola voluntad, sino un ámbito de múltiples voluntades. Dentro del marco universal general trazado por el decreto divino, se enfrentan las voluntades que siguen el bien y las que siguen el mal. En los períodos en los que disminuye la influencia del bien y predominan el mal y los opresores poderosos, surge el desorden, es decir, el caos.
Repercusiones psicológicas de las situaciones caóticas y ejemplos históricos: Los entornos caóticos dejan en los individuos estados de ánimo neuróticos y profundas heridas psicológicas. En estos procesos dominados por la falta de sentido, los personajes que a lo largo de la historia han destacado por su opresión han servido de escarmiento para la humanidad: Karun: símbolo de la capacidad corruptora de la pasión por la riqueza y el poder sin límites. Faraón: símbolo de la opresión mediante el poder político y la pretensión de una autoridad absoluta. Şeddad: ejemplo de soberbia por su pretensión de construir en la Tierra falsos paraísos como alternativa al orden divino.
Misericordia divina, intervención y catástrofes que sirven de recordatorio: El atributo de Allah «el Misericordioso» se manifiesta incluso en períodos caóticos para preservar el fundamento de la fe de las personas y mantener abierta la posibilidad de recibir guía. La intervención divina se produce de dos formas principales: intervención mediante héroes elegidos: en los momentos en que la descomposición social y el caos alcanzan su punto culminante, Allah hace prevalecer la voluntad de los líderes justos que ha elegido. Al fortalecer política y militarmente a estas figuras, restablece la justicia y la paz en la Tierra. Intervención mediante catástrofes naturales que sirven de recordatorio: los terremotos, el derrumbe de montañas a causa de las sacudidas y las grandes catástrofes como las inundaciones (por ejemplo, cuando las aguas suben varios metros y arrastran vehículos y edificios) son acontecimientos que sirven de advertencia y recuerdan al ser humano su impotencia ontológica y quién es el verdadero dueño del orden.
La máxima de la teología islámica clásica «Men âmene bi’l-kaderi âmine mine’l-keder»: el principio de que quien cree en el destino queda a salvo de la aflicción consiste en ser consciente de que todas las situaciones que afronta el ser humano han sido dispuestas por Allah. Esta conciencia permite ver las adversidades no como una catástrofe, sino como una prueba y una experiencia divinas; así desaparecen la aflicción innecesaria y el abatimiento psicológico.
La conciencia de que ningún ser puede dañar al ser humano sin el permiso y la voluntad de Allah produce los siguientes resultados: se comprende correctamente el mensaje divino que subyace a los daños y las adversidades. Las dificultades vividas dejan de ser una fuente de tristeza y se convierten en una experiencia. Favorecen la maduración espiritual y mental del individuo. Gracias a la confianza infinita en el Creador, el ser humano se fortalece espiritualmente.
Resumen general y valoración integral: El destino se compone de la dimensión ontológica (voluntad universal), que establece las leyes universales, y de la dimensión epistémica (voluntad particular), que delimita el ámbito de responsabilidad y libertad del ser humano. En los entornos de caos social generados por voluntades enfrentadas, la misericordia divina preserva el equilibrio mediante catástrofes que sirven de recordatorio y líderes justos. Que el ser humano emplee su libre voluntad en favor del bien, bajo la guía de la revelación y la sunna, armoniza su voluntad particular con el decreto universal y le permite tanto quedar a salvo de la aflicción en la vida terrenal como alcanzar la recompensa del paraíso en la otra vida.
Abdülaziz Tantik
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