
¿Qué gobierna al ser humano: su razón o sus emociones y pasiones? Pensemos en la respuesta a esta pregunta a la luz de una frase atribuida a Pascal:
«A medida que crece la capacidad mental del ser humano, también crecen sus pasiones».
Tener una mente poderosa no significa necesariamente ser capaz de controlar las emociones y las pasiones. Aquí, la palabra pasión se refiere a los deseos y anhelos que alcanzan el grado de una adicción. A veces la razón trabaja para encontrar motivos que justifiquen los deseos y anhelos. Otras veces les pone límites. La razón gobierna las pasiones y las emociones apoyándose en la fuerza de voluntad.
Una de las características más importantes que distinguen al ser humano de los demás seres vivos es su capacidad de ejercer la voluntad. La voluntad es la facultad de tomar decisiones conscientes y orientar la conducta de acuerdo con ellas. A diferencia de otros seres vivos, el ser humano puede controlar sus impulsos si así lo desea. Pero a veces también puede sucumbir a ellos, incapaz de resistir su presión. La educación de la voluntad hace posible tomar decisiones acertadas y actuar de una manera digna del ser humano.
La educación de la voluntad consiste en desarrollar la capacidad de gestionar las emociones, los deseos y las pasiones para poder llevar a cabo las acciones que la razón considera correctas. ¿Cómo se adquiere esta capacidad? ¿Por qué a veces no consigue el ser humano dominar sus deseos, aun sabiendo que actúa mal? ¿Es la fuerza de voluntad una característica innata? Preguntas como estas han ocupado durante muchos años a pensadores interesados en la filosofía moral y a psicólogos. En definitiva, la conclusión generalmente aceptada es la siguiente: tanto los rasgos hereditarios como la educación, el entorno, los hábitos y las experiencias influyen en la formación de la fuerza de voluntad.
Las diferencias individuales se manifiestan desde el comienzo mismo de la vida. Las facultades con las que nacemos pueden desarrollarse o atrofiarse con la educación que recibimos. La capacidad de ejercer la voluntad también se desarrolla, se fortalece o permanece débil con el tiempo, desde los primeros años de la infancia, según la educación y las condiciones del entorno. El ambiente familiar tiene una gran importancia en la crianza de un niño que adquiere autocontrol y hábitos positivos. Los niños toman como ejemplo el comportamiento de los mayores de la familia y quieren parecerse a ellos. Un ambiente familiar desordenado y las conductas negativas de los padres propician que el autocontrol de los niños no se desarrolle lo suficiente. Una educación excesivamente autoritaria puede impedir que los niños tomen sus propias decisiones. Satisfacer de inmediato todos los deseos de un niño también puede dificultar que aprenda a esperar y a afrontar la frustración.
Para mantener fuerte la voluntad es importante desarrollar hábitos acordes con los objetivos y los valores, ser capaz de posponer los placeres inmediatos y dominar los impulsos. Al mismo tiempo, también es necesario prestar atención a la salud física y no descuidar las necesidades básicas del cuerpo, como el sueño, la alimentación y el ejercicio. Tampoco puede pasarse por alto la influencia del entorno social y de las personas con quienes se comparte el tiempo en la vida cotidiana. Como dice un antiguo refrán, «los estados de ánimo se contagian»: las emociones y las conductas se transmiten de una persona a otra.
Según el profesor Mehmet Dinç, «…ser capaz de regular las emociones, mantener la mente despejada, conocernos a nosotros mismos y ser conscientes de nuestros talentos, habilidades y capacidades son algunas de las aptitudes que se deben tener para fortalecer la voluntad». Regular las emociones no es reprimirlas ni ignorarlas; es tomar conciencia de la emoción y elegir el comportamiento adecuado, haciendo que la voluntad colabore con la razón. Mantener la mente despejada consiste en no llenarla indiscriminadamente de información inútil.
Hasta aquí he intentado exponer brevemente lo que he aprendido sobre cómo adquirir una voluntad fuerte mediante un esfuerzo consciente. Hay numerosas publicaciones que examinan el tema desde el punto de vista técnico. Entre los libros recomendados a los estudiantes universitarios se encuentran «La educación de la voluntad», de Jules Payot, y el libro del mismo título del doctor Ethem Bakar, al que Cemil Meriç dijo deber su disciplina de trabajo. El libro de Ethem Bakar también puede leerse con una mirada crítica.
La importancia de la educación de la voluntad no se limita a alcanzar objetivos individuales o a poner orden en la vida cotidiana. La voluntad también es de gran importancia para que una persona pueda reflejar en su conducta lo que considera correcto y alcanzar la madurez moral.
El ser humano es capaz de enseñar mediante el adiestramiento ciertos comportamientos a los animales más salvajes, aunque sean contrarios a su naturaleza. Sin embargo, a veces no consigue dominar al rebelde o al salvaje que lleva dentro. ¿Por qué? Porque no conoce plenamente su mundo interior. Sabemos muy poco sobre la estructura de múltiples capas del yo que Necip Fazıl describió como «arquitectura dentro de arquitectura, yo dentro de yo». Al hablar del inconsciente, nos vienen a la mente sus capas inferiores, tal como las describieron Freud y Jung. Es decir, siempre se intenta recordar los males, los deseos reprimidos, los impulsos y los traumas. Se cree que, si las heridas relegadas y encerradas en el inconsciente salen a la conciencia, todo se arreglará y desaparecerán los desasosiegos. Aunque la ciencia no diga exactamente eso, se ha formado esa convicción.
Entonces, ¿qué hay que hacer para dominar al rebelde o al salvaje que llevamos dentro? Para entender por qué se comporta así nuestro salvaje interior, primero hay que preguntárselo. Lo que en la formación sufí llamamos pedir cuentas al propio yo es una práctica de este tipo. Ahora bien, supongamos que hemos comprendido nuestra emoción: ¿no volveremos a comportarnos del mismo modo en situaciones similares? Por supuesto, no abandonaremos fácilmente las conductas arraigadas en nuestro carácter. Sabiendo que Alá ve a su siervo en todo momento, nos volveremos hacia Él y le pediremos ayuda para mejorar nuestra condición. Después de cometer errores, intentaremos enmendarlos haciendo algo bueno. De este modo podemos esforzarnos por gestionar las emociones y los comportamientos que no nos gustan de nosotros mismos.
De acuerdo con el versículo «Estad con los sinceros», estar en compañía de personas de buena moral, conversar con ellas y escuchar sus consejos facilita el aprendizaje y la puesta en práctica de los valores morales. También podemos encontrar en nuestra antigua cultura ejemplos que adaptar a nuestros días. ¡Qué valioso es, por ejemplo, el método educativo de Âhi Evran! No hace falta enumerar los beneficios, tanto individuales como sociales, de formar parte de una organización solidaria en la que, sin retirarse de la vida y mientras se ejerce un oficio, se enseña a conocerse y dominarse a uno mismo, así como la ética de la generosidad.
Creo que fortalecer la voluntad es especialmente necesario en estos tiempos. Nuestro entorno está tan lleno de tentaciones que nos arrastran hacia la adicción al placer que puede resultar imposible no dejarse llevar. Recurrir a la fe y al escudo protector de la fuerza espiritual como apoyo para alejarse de todo tipo de adicciones figura entre los consejos de los especialistas.
Por último, puedo decir que la educación de la voluntad es necesaria no solo para resistir nuestros deseos, sino también para incorporar nuestros valores a nuestra vida, y que tanto el dominio de nosotros mismos como el desarrollo de buenas relaciones con los demás se logran gracias a nuestra fuerza de voluntad.