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LA FE REFLEJADA EN LA VIDA

LA FE REFLEJADA EN LA VIDA
29/10/2026 11:59
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La fe no es una mera declaración verbal. Es una creencia que arraiga en el corazón, se comprende con la razón, orienta la conducta y se refleja en todos los ámbitos de la vida. Por eso es de gran importancia comprenderla correctamente, preservarla y llevarla a la práctica.

Así como un ave necesita tener ambas alas sanas para poder volar, la vida religiosa del creyente requiere un equilibrio entre principios y valores que se complementan. Cuando ese equilibrio se rompe, surgen carencias en su manera de entender y vivir la religión.

Allah, el Altísimo, dice:

إِلَيْهِ يَصْعَدُ الْكَلِمُ الطَّيِّبُ وَالْعَمَلُ الصَّالِحُ يَرْفَعُهُ

«A Él solo ascienden las buenas palabras. Y las buenas obras las hacen llegar a Allah». (Fâtır, 35/10)

Esta aleya llama la atención sobre la relación entre las buenas palabras y las buenas obras. La fe exige una concepción de la vida en la que no se rompa el vínculo entre lo que se cree, se dice y se hace. Por tanto, el creyente no debe limitar su fe a las expresiones verbales; también debe esforzarse por cumplir las responsabilidades que esta le impone.

Elementos que llevan la fe a su plenitud

1. Conocimiento y conciencia

Para vivir la religión de manera sana, hace falta tanto un conocimiento correcto como una adhesión sincera de corazón. Del mismo modo que los sentimientos sin fundamento en el conocimiento pueden conducir por caminos equivocados, un conocimiento que no se refleja en la conducta y en la moral tampoco da el fruto esperado en la vida de la persona. El creyente debe aprender su religión de fuentes fiables, asumir de corazón lo aprendido y llevarlo a la práctica.

El Corán destaca así el valor del conocimiento:

قُلْ هَلْ يَسْتَوِي الَّذِينَ يَعْلَمُونَ وَالَّذِينَ لَا يَعْلَمُونَ

«Di: ¿Acaso son iguales quienes saben y quienes no saben?» (Zümer, 39/9)

Pero ese conocimiento debe hallar eco en el corazón:

إِنَّمَا يَخْشَى اللَّهَ مِنْ عِبَادِهِ الْعُلَمَاءُ

«De entre Sus siervos, solo los sabios temen verdaderamente a Allah». (Fâtır, 35/28)

Estas aleyas muestran que el conocimiento debe transformarse en temor reverencial en el corazón. Si no acerca a quien lo posee a Allah, significa que no ha cumplido su función esencial.

2. Paciencia y gratitud

El creyente sabe que la vida está hecha de dones y pruebas. Ante las dificultades, tiene paciencia; ante los dones, gratitud. La paciencia consiste en no rebelarse ante las desgracias y perseverar en la conducta correcta; la gratitud, en reconocer que los dones proceden de Allah, alabarlo y emplearlos de manera lícita. Ambas actitudes son manifestaciones importantes de la conciencia de ser siervo de Allah.

Nuestro Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) describe así esta condición:

«¡Qué admirable es la situación del creyente! Todo cuanto le sucede es un bien para él. Esto solo ocurre con el creyente. Si le sucede algo que lo alegra, da gracias, y eso es un bien para él. Si le sobreviene un daño, tiene paciencia, y eso también es un bien para él». (Müslim, Zühd, 64)

El creyente sale ganando tanto al recibir un don como al afrontar una prueba, porque en ambas situaciones ha encontrado la actitud correcta.

3. Jawf y rayá: temor y esperanza

El creyente espera en la misericordia de Allah y, al mismo tiempo, toma en serio Sus mandatos y prohibiciones. No resta importancia a los pecados por creerse a salvo de Su castigo, ni cae en la desesperación por perder la esperanza en Su misericordia. El temor lo lleva a tomar conciencia de sus responsabilidades, mientras que la esperanza lo anima a arrepentirse y a hacer el bien. Estos dos sentimientos contribuyen a mantener el equilibrio en la vida religiosa.

El Corán establece ese equilibrio en una misma exhortación:

نَبِّئْ عِبَادِي أَنِّي أَنَا الْغَفُورُ الرَّحِيمُ وَأَنَّ عَذَابِي هُوَ الْعَذَابُ الْأَلِيمُ

«Haz saber a Mis siervos que soy muy indulgente, muy misericordioso, y que Mi castigo es un castigo doloroso». (Hicr, 15/49-50)

La misericordia y el castigo se mencionan juntos; así, ni la amplitud de la misericordia debe llevarnos a la dejadez ni la severidad del castigo a la desesperación.

Saber lo amplia que es la misericordia de Allah no debe hacernos permisivos con los pecados, ni conocer la severidad de Su castigo debe llevarnos a perder la esperanza. El creyente debe mantener la esperanza confiando en la misericordia de Allah y evitar los pecados recordando Su castigo.

4. Precaución y confianza en Allah

Confiar en Allah no significa prescindir de los medios ni eludir las responsabilidades. El creyente cumple con sus deberes, toma las precauciones necesarias y deja el resultado en manos de Allah. Mientras atiende sus responsabilidades en este mundo, tampoco descuida la otra vida. Adoptar las medidas necesarias no contradice la confianza en Allah; por el contrario, es una exigencia de su correcta comprensión.

Cuando un hombre preguntó: «¿Debo atar el camello y confiar en Allah, o dejarlo suelto y confiar en Él?», nuestro Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió:

«Primero átalo y después confía en Allah». (Tirmizî, Kıyâme, 60)

El orden que establece el Corán no es distinto:

فَإِذَا عَزَمْتَ فَتَوَكَّلْ عَلَى اللَّهِ

«Una vez que hayas tomado una decisión, confía en Allah y apóyate en Él». (Âl-i İmrân, 3/159)

En esta aleya, primero vienen la determinación y la decisión, y después la confianza en Allah.

5. Obras y súplica

La súplica expresa que el siervo se vuelve hacia Allah y que necesita de Él. Las buenas obras, por su parte, reflejan en la conducta esa conciencia de ser Su siervo. El creyente no se conforma con suplicar, pero tampoco confía únicamente en su propio esfuerzo. Cumple con lo que le corresponde y, a la vez, pide a Allah ayuda y éxito.

Allah, el Altísimo, dice:

قُلْ مَا يَعْبَأُ بِكُمْ رَبِّي لَوْلَا دُعَاؤُكُمْ

«Di: Si no fuera por vuestras súplicas, ¿por qué habría de valoraros mi Señor?» (Furkân, 25/77)

Esta aleya llama la atención sobre la relación entre la súplica y la condición de siervo de Allah. La súplica expresa una conciencia constante de esa condición en la vida del creyente. Nuestro Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «La súplica es la adoración misma». (Tirmizî, Daavât, 1)

Allah, el Altísimo, anima así a Sus siervos a suplicarle:

وَقَالَ رَبُّكُمُ ادْعُونِي أَسْتَجِبْ لَكُمْ

«Vuestro Señor dijo: Suplicadme y os responderé». (Mü’min, 40/60)

6. Negación y afirmación: las dos dimensiones fundamentales de la unicidad divina

La declaración de la unicidad divina reúne una negación, que expresa que no hay ninguna divinidad fuera de Allah, y una afirmación, que reconoce que solo a Él pertenece la divinidad. La expresión «Lâ ilâhe illallah» significa rechazar las falsas divinidades y reconocer únicamente a Allah como divinidad. Por eso, la unicidad divina no es solo una frase que se pronuncia, sino el principio fundamental que da forma a la fe de la persona, a su servicio a Allah y a su concepción de la vida.

El Corán reúne ambos aspectos en una sola frase:

فَمَنْ يَكْفُرْ بِالطَّاغُوتِ وَيُؤْمِنْ بِاللَّهِ فَقَدِ اسْتَمْسَكَ بِالْعُرْوَةِ الْوُثْقَى

«Quien rechace al tagut y crea en Allah se habrá aferrado a un asidero firme que no puede romperse. Allah todo lo oye y todo lo sabe». (Bakara, 2/256)

Ni el rechazo por sí solo ni la aceptación por sí sola completan la fe en la unicidad divina; solo mediante la unión de ambos se logra aferrarse a ese asidero firme.

7. Indagación y entrega

La fe no debe reducirse a afirmaciones sin pruebas ni a convicciones sin fundamento. El creyente se esfuerza por aprender los principios de su fe de fuentes fiables, comprenderlos y captar la verdad. El Corán recomienda esta cautela:

وَلَا تَقْفُ مَا لَيْسَ لَكَ بِهِ عِلْمٌ

«No sigas aquello de lo que no tienes conocimiento». (İsrâ, 17/36)

Al mismo tiempo, el creyente tampoco pretende modificar las verdades religiosas según sus propios deseos e ideas preconcebidas. Cuando conoce la verdad, cumple con la responsabilidad que tiene ante ella. De este modo, la indagación no se convierte en escepticismo ni la entrega en aceptación ciega; la fe conserva su equilibrio.

El noble Corán expresa así la actitud de los creyentes:

سَمِعْنَا وَأَطَعْنَا

«Hemos oído y hemos obedecido». (Bakara, 2/285)

Esta expresión es una muestra de aceptación consciente y de entrega a Allah.

8. Amor por Allah y rechazo por Allah

Tanto el amor del creyente como su actitud de distanciamiento se rigen por los principios de la fe y de la moral. Amar por Allah significa amar aquello que cuenta con Su aprobación. Rechazar por Allah significa adoptar una postura contraria a lo que Él desaprueba.

Nuestro Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo expresa así:

«Quien ama por Allah, rechaza por Allah, da por Allah y se abstiene de dar por Allah ha llevado su fe a la plenitud». (Ebû Dâvûd, Sünnet, 15)

Sin embargo, esta actitud no legitima tratar injustamente a las personas, excederse en la enemistad ni causar daño a inocentes. De hecho, el Corán delimita claramente ese rechazo:

وَلَا يَجْرِمَنَّكُمْ شَنَآنُ قَوْمٍ عَلَىٰ أَلَّا تَعْدِلُوا اعْدِلُوا هُوَ أَقْرَبُ لِلتَّقْوَىٰ

«Que el odio hacia un pueblo no os lleve a ser injustos. Sed justos: eso está más cerca de la piedad». (Mâide, 5/8)

El hadiz presenta el rechazo como un elemento de la fe, mientras que la aleya le pone el límite de la justicia. El creyente no debe apartarse de la justicia ni en su amor ni en su oposición.

Preservar y fortalecer la fe

La fe es una conciencia de ser siervo de Allah que abarca los pensamientos, los sentimientos, las intenciones y la conducta de la persona. Por ello, reducir la vida religiosa a formas y palabras, descuidando las consecuencias morales y prácticas de la fe, constituye una carencia importante.

No obstante, cuestiones como la naturaleza de la fe, su aumento y su disminución deben abordarse dentro del marco conceptual propio de la teología y del estudio de las creencias islámicas. No es correcto interpretar directamente cada falta de conducta como ausencia de fe. Al emitir un juicio sobre alguien que ha cometido un pecado, deben respetarse los criterios religiosos, las pruebas pertinentes y las condiciones que rigen esos juicios.

Antes de juzgar la fe de los demás, la responsabilidad fundamental del creyente es esforzarse por fortalecer la suya con un conocimiento sólido, cumplir con sus actos de adoración, mejorar su carácter y vivir de una manera que agrade a Allah.

Allah, el Altísimo, dice:

يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا آمِنُوا بِاللَّهِ وَرَسُولِهِ

«¡Vosotros que habéis creído (solo de palabra)! Creed en Allah y en Su Mensajero (también con el corazón)…» (Nisâ, 4/136)

Esta exhortación es una importante advertencia que recuerda a los creyentes las exigencias de su fe y los invita a revisar sus creencias, su compromiso y sus responsabilidades.

Por tanto, el creyente no debe conformarse con profesar su fe de palabra: debe nutrirla con un conocimiento correcto, profundizar en ella con sentimientos sinceros, hacerla madurar con paciencia y gratitud, mantener el equilibrio entre el temor y la esperanza, actuar con precaución y confianza en Allah, y perseverar en su servicio a Él mediante la súplica y las buenas obras.

No dejar nuestra fe en meras palabras, complementar nuestro conocimiento con obras, nuestro temor con esperanza y nuestro esfuerzo con confianza en Allah debe ser uno de los objetivos fundamentales de nuestra vida como siervos Suyos.

¡Allah mío! Concédenos reconocerte como único e incomparable en Tu esencia, Tus atributos y Tus actos, y no asociarte nada en Tu señorío ni en Tu divinidad. Eleva la convicción de nuestros corazones al grado de la certeza, haz que las obras corroboren lo que profesamos de palabra y que nuestro conocimiento de Ti se transforme en temor reverencial.

رَبَّنَا لَا تُزِغْ قُلُوبَنَا بَعْدَ إِذْ هَدَيْتَنَا وَهَبْ لَنَا مِنْ لَدُنْكَ رَحْمَةً إِنَّكَ أَنْتَ الْوَهَّابُ

«¡Señor nuestro! No desvíes nuestros corazones después de habernos guiado por el camino recto. Concédenos una misericordia que provenga de Ti. Sin duda, Tú eres muy indulgente». (Âl-i İmrân, 3/8)

Kadir Bekil

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