LA LLAMADA DEL CORÁN AL EQUILIBRIO ENTRE EL PESIMISMO Y EL ENGREIMIENTO

Hoy en día, las concepciones que nutre la cultura popular y secular pueden llevar al ser humano a oscilar entre dos extremos. En uno, puede dejarse arrastrar por la desesperanza y el pesimismo; en el otro, los éxitos y los recursos de los que dispone pueden llevarlo a engreírse pensando: «Yo lo hice, yo lo conseguí».

En los siguientes versículos, el Corán nos habla tanto de estos dos excesos como de la manera de ser una persona espiritualmente equilibrada y madura sin caer en ellos:   

«Si hacemos que el ser humano experimente misericordia y bienestar y después se los arrebatamos, cae en una desesperanza absoluta y se vuelve profundamente ingrato. Si le hacemos saborear una bendición después de una adversidad que haya sufrido, dice: “Las desgracias se han apartado de mí”. A partir de entonces, no hace más que engreírse y jactarse. No son así, sin embargo, quienes tienen paciencia y realizan obras beneficiosas para este mundo y para la otra vida. Para ellos hay perdón y una gran recompensa». (Hûd 11/9-11)

Entre estos dos polos, que podríamos llamar «pesimismo» y «engreimiento», existe una relación psicológica digna de atención. Si la imagen que una persona tiene de sí misma depende en exceso del éxito, del reconocimiento ajeno y de la idea de que puede controlar los acontecimientos, puede reaccionar de forma desmedida tanto ante el éxito como ante el fracaso. Cuanto más alto se sitúe a sí misma y mayor sea su sentimiento de superioridad, más devastadora puede resultar la caída que experimente ante un fracaso.

Por establecer una comparación, las heridas de quien cae desde dos metros de altura no son las mismas que las de quien cae desde diez metros. De manera semejante, cuando alguien acostumbrado a triunfar siempre suspende un examen importante, no solo ha suspendido el examen: también puede tambalearse la imagen de superioridad que ha construido sobre sí mismo. Por eso, un fracaso corriente puede convertirse, a sus ojos, en una gran catástrofe que amenaza todo su futuro.

1. De la desesperanza a la ingratitud

En el noveno versículo de la sura Hûd se mencionan conjuntamente la «desesperanza» y la «profunda ingratitud» del ser humano cuando se ve privado de una bendición. Entre el pesimismo y la ingratitud existe una relación psicológica digna de atención: el pesimismo dificulta que la persona reconozca las bendiciones inigualables que ha disfrutado y sigue disfrutando; en pocas palabras, puede volverla ingrata.

Bajo el efecto de las dificultades que atraviesa, el ser humano puede olvidar las bendiciones que Allah le concedió anteriormente. Los recursos de los que dispuso en el pasado, las oportunidades que se le ofrecieron y los bienes de los que aún disfruta pueden quedar ocultos a la sombra de su dolor presente. Puede empezar a pensar como si en su vida solo existiera la dificultad que está viviendo y nada más tuviera ya importancia.

Lo que ocurre aquí es que la persona generaliza y convierte en absoluta su situación presente. Cuando llega la adversidad, piensa: «Ya nada va a mejorar». No tiene en cuenta los recursos de los que dispuso en el pasado ni la posibilidad de volver a vivir cosas buenas en el futuro. A partir de una pérdida pasajera, emite un juicio negativo sobre toda su vida.

2. Orgullo y engreimiento: creer que la bendición es permanente

El décimo versículo de la sura Hûd describe otro error de quien recibe una bendición después de una desgracia. Esa persona, pensando que las adversidades que sufrió han desaparecido por completo, dice: «Me he librado de las desgracias, ya he salido del atolladero». Después se deja llevar por el orgullo y el engreimiento.

Por supuesto, alegrarse al recibir una bendición es una reacción humana natural. Lo que critica el versículo es que esa alegría se transforme en un orgullo desmedido, en jactancia y en la creencia de estar completamente a salvo. Al pensar que las dificultades han quedado atrás, la persona olvida que la vida es cambiante y se figura que los recursos de los que dispone la protegerán de cualquier adversidad.

De hecho, el Corán llama la atención sobre la creencia del rico de que sus bienes lo harán eterno. (Hümeze 104/3) Desde esta perspectiva, la riqueza deja de ser un simple recurso y se convierte en un medio que proporciona una sensación de inmortalidad y de seguridad ilimitada. La persona cree que su fortuna la protegerá de los efectos del paso del tiempo y del final inevitable de la vida.

Nos encontramos aquí con un tipo de persona a la que la comodidad, la prosperidad y los recursos materiales han vuelto engreída. En lugar de considerar lo que posee como bendiciones pasajeras que Allah le ha concedido, puede interpretarlo como una muestra de su propia superioridad y poder. Su riqueza y su poder pueden darle una sensación de seguridad poco realista y llevarla a creerse autosuficiente, lo que a su vez puede arrastrarla a apartarse de la verdad y a sembrar la corrupción. (Alak 96/6-7)

De hecho, encontramos un ejemplo de ello en Karun, célebre por su riqueza legendaria. Atribuyó toda su fortuna a su propia habilidad y destreza, y eso lo condujo a la soberbia y al engreimiento. (Kasas 28/76-78)

¿A qué se deben estos vaivenes emocionales? Una de sus causas fundamentales es creer que la situación en la que uno se encuentra es permanente. Sin embargo, el ser humano no es más que un depositario en este mundo. Los bienes, la salud, la fuerza, el cargo y los demás recursos que posee no le han sido concedidos de forma ilimitada y eterna. Tampoco debe olvidar que el mundo no siempre es un lugar seguro y previsible. En el transcurso de la vida puede encontrarse con acontecimientos que no esperaba en absoluto; puede perder algunos de los recursos de los que dispone o, por el contrario, recibir bendiciones que antes ni siquiera había imaginado.

3. La solución: una vida llena de paciencia y buenas obras

¿Cómo puede el ser humano evitar verse arrastrado de un extremo al otro? Dicho de otro modo, ¿cómo puede ser una persona más equilibrada y madura desde el punto de vista psicológico? La respuesta a esta pregunta aparece en el undécimo versículo de la sura Hûd, donde se establece una excepción a las desviaciones anteriores: «No son así, sin embargo, quienes tienen paciencia y realizan obras beneficiosas para este mundo y para la otra vida. Para ellos hay perdón y una gran recompensa».

Aquí, la paciencia no significa únicamente soportar las dificultades. Expresa también la determinación de mantenerse en el camino recto, sin caer en el engreimiento ante las bendiciones ni en la desesperanza ante las desgracias. Las buenas obras, por su parte, consisten en reflejar la fe y los valores en la conducta, cumplir las propias responsabilidades y orientar la vida hacia el bien.

Por supuesto, esto no significa que esas personas nunca vayan a sentir tristeza, miedo, preocupación o alegría. Por su condición humana, también experimentan emociones diversas. Sin embargo, no permiten que esas emociones gobiernen por completo sus vidas. Aunque en ocasiones sientan la tentación de enorgullecerse o sufran decepciones, poseen una fe y una madurez que les permiten recuperar el equilibrio.

También podemos expresar la solución mediante el principio de «mantener el equilibrio entre el temor y la esperanza», presente en el sistema de creencias del islam. El «temor» se refiere al miedo que nace de la conciencia de la responsabilidad ante Allah; la «esperanza», a la confianza en Su misericordia y Su gracia.

Cuando mantiene este equilibrio, el ser humano no se deja embriagar por la sensación de seguridad ni se entrega al pesimismo que nace del miedo y lo consume. Aprende a no engreírse ante las bendiciones ni a desesperarse ante las dificultades. Sabe que los recursos de los que dispone no lo ponen completamente a salvo, pero también es consciente de que las dificultades que encuentra no son motivo para perder la esperanza en la misericordia de Allah.

Uno de los principios que el Corán quiere inculcar al ser humano es el siguiente: en el camino de la vida puedes encontrarte con acontecimientos inesperados. En el momento menos pensado puedes verte frente a dificultades y perder los recursos de los que dispones. De hecho, los versículos 97-99 de la sura A’râf cuestionan que las personas se consideren a salvo del castigo de Allah y de consecuencias inesperadas. Estos versículos recuerdan que el ser humano no debe caer en la desatención por dejarse llevar por una falsa sensación de seguridad.

De este modo, las personas pueden cultivar la serenidad y la paz interior. Procuran preservar tanto su vida espiritual como su equilibrio psicológico. Su verdadera sensación de seguridad no procede únicamente de los bienes, el cargo, el éxito o las circunstancias externas, sino de su profunda fe en Allah. Los significados de paz, confianza y seguridad que expresan los nombres de Allah «es-Selâm» y «el-Mü’min» también ocupan un lugar importante en su concepción de Allah.

En resumen, el ser humano no debe considerar eternas las bendiciones que posee ni ver las dificultades que encuentra como un destino inmutable. Debe hacer cuanto esté en su mano, aceptando el carácter cambiante de la vida; ver las bendiciones como motivos de gratitud y responsabilidad, y conservar la esperanza y el rumbo recto ante las desgracias. Una conciencia así puede protegerlo de los vaivenes emocionales y abrirle la puerta a una vida más equilibrada, serena y llena de sentido.

Prof. Dr. İbrahim Hilmi Karslı

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