
La sociedad contemporánea no concede importancia a la moral y antepone los intereses personales. Pese a ello, se proclama civilizada y centrada en el conocimiento. Sin embargo, cuando observamos las actitudes y las relaciones humanas, vemos que los numerosos problemas y dilemas sociales y psicológicos a los que nos enfrentamos tienen su origen en la falta de moral.
La moral es el conjunto de normas que conduce al ser humano hacia la cortesía, la compasión y la comprensión dignas de su condición. En realidad, son estas cualidades las que corresponden al ser humano y lo hacen madurar. A quien actúa, siente y piensa con mesura le resulta sumamente fácil relacionarse e integrarse con los demás. Porque la persona moral es consciente de que las ideas y actitudes humanas deben expresarse en un clima de paz y comprensión con los demás. Sabe que la convivencia se hace posible gracias a la comprensión mutua y al sacrificio personal. La moral también establece las normas de la convivencia humana. Estas normas no se reducen a conocimientos e información teóricos. Pueden hacerse realidad mediante el conocimiento y la práctica, y formar la personalidad del individuo. Si la moral posee una cualidad tan importante, ¿por qué se alejan de ella las personas? Esta pregunta es de suma importancia. La moral es un proceso que, al arraigar en el mundo interior del ser humano, va generando también numerosos recuerdos, conocimientos y comportamientos. Por eso, debe desarrollarse en un entorno sano, con conocimientos correctos y de la mano de las personas adecuadas. Este proceso es una formación espiritual que configura la verdadera personalidad e identidad del ser humano. Por ello, presentarla con conocimientos y concepciones incompletos y sin fundamento impide que se haga realidad y la convierte en «un comportamiento cualquiera». En realidad, no es posible esperar que la moral se sostenga sin prestarle la atención necesaria ni sentar las bases que necesita. Así, al no comprenderse debidamente, la moral se convierte en un conjunto de normas corrientes que no llegan a ponerse en práctica, y no puede cumplir su función social e histórica. Hoy en día, las relaciones, los comportamientos y los pensamientos de las personas se desarrollan al margen de la moral, que ha quedado reducida a una norma que se aplica «según la voluntad de cada cual».
Que la moral quede relegada a semejante papel y posición impide que se establezca un sistema social que vele por el ser humano y le reconozca su valor, y elimina la disposición de las personas a actuar con naturalidad conforme a la moral y al resto del sistema de valores en todos sus actos y actitudes.
La moral es un mecanismo regulador tanto individual como social. Pero, ante todo, debe asentarse sobre una base correcta en el mundo interior de la persona y en conexión con su pensamiento. Porque el ser humano es un ser dotado de sentimientos y voluntad. En todas sus relaciones con los demás, la moral es la norma determinante principal… Por eso, su ausencia o su presencia insuficiente en la vida humana provoca numerosos problemas. Ante todo, la moral es un valor y una práctica que permiten al ser humano adquirir las cualidades propias de su humanidad… ¡Por eso no podemos permitirnos el lujo de dejar la moral al capricho de personas y grupos! Por esta misma característica, la moral es una institución a la que ni la sociedad ni el Estado pueden renunciar. Porque su ausencia no solo hace que las relaciones entre las personas se rompan o se vuelvan antagónicas, sino que también constituye la causa fundamental de las deficiencias y el deterioro en diversos ámbitos del sistema social.
Hoy en día, desde el favoritismo en la política y la economía y la malversación de bienes del Estado hasta los engaños entre personas, las injusticias y la tergiversación de los hechos, todos estos actos tienen en su raíz la falta de moral y la idea de que no es importante. Por esta importante función, la moral constituye un «valor» irrenunciable que determina y regula las relaciones y las acciones sociales. El concepto de valor se refiere a las actitudes espirituales que llevan al ser humano a ajustar su vida a determinadas normas. No es correcto esperar que este tipo de problemas se resuelvan mediante las normas jurídicas. Porque el derecho castiga las conductas indebidas. Puesto que no podemos resolverlo todo mediante el castigo, debemos afrontar la cuestión moral, sean cuales sean las creencias y las ideas, mediante los valores morales que la sociedad hace suyos… En particular, la vinculación de la moral con la religión aumenta aún más la fuerza y la importancia de este valor. Hacer que la moral rija la vida es una realidad social a la que nadie puede oponerse, y dar continuidad a una norma social tan importante es un deber fundamental de todos.
Prof. Dr. Sami Şener
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