
Somos quienes hemos rechazado todas las divinidades salvo Allah; creemos en Allah, el Creador, el Viviente, a quien pertenece el juicio, y creemos en sus profetas, sus libros, sus ángeles y el Día del Juicio Final. Somos la comunidad de un Profeta enviado como misericordia para todos los mundos. En él tenemos los mejores ejemplos.
Sabemos que la morada de la otra vida es mejor que este mundo. Fuimos creados para servir al Señor de los mundos. Hemos venido a la tierra con un único propósito: servir a Allah sin asociarle nada ni nadie. Somos conscientes de que no hemos sido creados para quedar abandonados a nuestra suerte; nuestro Señor quiere ver cómo cada uno de nosotros pasa por distintas pruebas y quiénes perseveramos en su servicio con paciencia y constancia.
Somos quienes sabemos que la vida y la muerte fueron creadas para determinar quiénes de nosotros obraríamos mejor y que después regresaremos a Allah. Somos conscientes de que, cada vez que nos extraviemos, encontraremos el camino recto al volvernos hacia el Corán, que es curación y misericordia, y hacia la Kaaba.
Como sabemos que todo ser vivo probará un día la muerte, elegimos una vida centrada en el más allá. Creemos que solo por este camino se alcanza la salvación eterna y que, para llegar a los jardines bajo los cuales corren ríos, debemos seguir sirviendo a Allah hasta que nos llegue la muerte.
No tomamos protectores fuera de Allah; nuestros protectores son Allah, su Mensajero y los musulmanes. Sabemos que cuanto más nos acercamos a Allah, más nos alejamos de la incredulidad. Solo buscamos la dignidad y el honor junto a quienes están del lado de Allah, pues la dignidad y el honor pertenecen únicamente a Allah, a su Mensajero y a los creyentes.
No tenemos más protector ni auxiliador que Allah, pues a él pertenece el dominio de los cielos y de la tierra. Allah, nuestro protector, nos saca de las tinieblas a la luz, mientras que los poderes idolátricos, protectores de quienes niegan la fe, llevan a las personas de la luz a las tinieblas. Nunca tomamos a los incrédulos por amigos en lugar de los creyentes, pues de lo contrario perderíamos la ayuda de Allah. Allah conoce muy bien a nuestros enemigos y nos advierte; nosotros solo reconocemos a Allah como protector.
Sabemos que, si tomamos a los incrédulos por amigos en lugar de los creyentes, eso constituirá una prueba en nuestra contra y nos bastará como pecado. Si tomamos por amigos a Allah, a su Mensajero y a los creyentes, seremos nosotros quienes venceremos, pues los partidarios de Allah siempre prevalecen.
Nuestro Señor nos ordena hacer la yihad por su causa y quiere castigar a los incrédulos por nuestras manos, pues nos eligió entre miles de millones de personas y nos dio el nombre de musulmanes. No nos impuso ninguna dificultad en la religión y nos concedió el don de la fe, más importante que todo cuanto existe en el mundo. Esta es una gracia de Allah, y Allah tiene poder para conceder su gracia a quien quiere.
Si no luchamos ni nos esforzamos como es debido, Allah puede retirarnos su don en cualquier momento; debemos vivir con esa conciencia.
Allah nos ha preparado en la vida eterna bendiciones que no podemos imaginar. Si morimos perseverando en su servicio, nos recompensará con esas bendiciones y aún más. El lugar de quienes obran rectamente es el paraíso, donde permaneceremos para siempre, si Allah quiere. Competimos por alcanzar un paraíso que representa el perdón de nuestro Señor y cuya anchura es tan grande como la de la tierra y los cielos.
Creemos que toda alma probará la muerte. El Día de la Resurrección recibiremos, sin duda, nuestra recompensa íntegra. Quien sea apartado del fuego y admitido en el paraíso habrá alcanzado verdaderamente la salvación. La vida de este mundo no es más que un disfrute engañoso. Nuestro propósito es perseverar con paciencia en el servicio a Allah, sin dejarnos engañar por este mundo, y morir en ese estado, como musulmanes.
Nos definimos únicamente como “musulmanes”; no añadimos nada antes ni después ni nos atribuimos ningún otro calificativo. Porque Allah nos ha dado este nombre y nos ha ordenado morir únicamente como musulmanes. Así como nos dio este nombre a nosotros, también se lo dio a los creyentes que vivieron antes que nosotros y los llamó a todos musulmanes.
Nuestra religión es el islam, la religión verdadera ante Allah. No podemos seguir otro camino, ningún ismo ni ideología; no podemos desviarnos por otras sendas. Todas las ideologías humanas son un extravío, son religiones de origen humano que Allah ha prohibido y ha señalado como una forma de asociarle copartícipes. Y nosotros, por ser musulmanes, hemos dicho “La”, “no”, a todas ellas.
Nuestra guía es el Corán, que para nosotros es curación y misericordia. Todo lo que nos concierne está explicado en este libro, completo y preservado. Este Corán conduce al camino más recto y anuncia a los creyentes que obran rectamente que les aguarda una gran recompensa. Actuamos con esa conciencia y buscamos medios para acercarnos a Allah. Sabemos que esos medios son las buenas obras.
Cuando Allah y su Mensajero nos llaman a aquello que nos dará vida, respondemos de inmediato. Sabemos que Allah se interpone entre la persona y su corazón, y que nuestros bienes y nuestros hijos son una prueba para nosotros, así como ostentación y adorno de este mundo. Obedecemos a Allah y a su Mensajero; no discutimos entre nosotros ni caemos en discordias. Cuando surge una discrepancia, la remitimos a Allah y a su Mensajero. Sabemos que, si nos dividimos y fragmentamos, perderemos nuestra fuerza y nos debilitaremos.
Cuando atravesamos alguna dificultad, pedimos ayuda a Allah mediante la paciencia y la oración, pues sabemos que Allah está con los pacientes y que nuestra propia paciencia también depende de su ayuda. Somos conscientes de que no podemos lograr nada sin la ayuda de Allah.
Tememos a Allah y nos guardamos de desobedecerle; buscamos medios que nos acerquen a él y luchamos por su causa. Si obramos así, podemos esperar alcanzar la salvación. Obedecemos a Allah, a su Mensajero y a quienes tienen autoridad entre nosotros. Quienes no pertenecen a nuestra religión no tienen derecho a ejercer autoridad sobre nosotros. No reconocemos las pretensiones de divinidad de ningún ser humano y las rechazamos todas.
Sabemos que, para distinguir lo correcto de lo incorrecto, debemos temer a Allah y guardarnos de desobedecerle. Si lo hacemos, Allah nos concederá un criterio para discernir el bien del mal, cubrirá nuestras malas acciones y perdonará nuestros pecados. Allah es dueño de una inmensa gracia.
No seguimos los pasos de Satanás, pues él siempre aconseja el pecado y la rebeldía. Satanás es nuestro enemigo declarado; nosotros lo tratamos como enemigo y no seguimos sus pasos ni los de sus amigos. Siempre procuramos ayudar a la religión de Allah y buscamos maneras de luchar como es debido. Sabemos que, si ayudamos a Allah, él también nos ayudará y nos mostrará los caminos de nuestra lucha.
No sentimos afecto ni entablamos amistad con nadie que se rebele contra Allah y su Mensajero, aunque se trate de nuestros seres más cercanos, nuestros padres o nuestros hermanos. Somos musulmanes que creemos en Allah y en el Día del Juicio Final. Somos musulmanes; Allah ha inscrito la fe en nuestros corazones y nos ha fortalecido. En la vida eterna promete introducirnos en jardines bajo los cuales corren ríos; si somos dignos de esa promesa, permaneceremos allí para siempre, si Allah quiere. Los musulmanes son el partido de Allah. Dichosos quienes están del lado de Allah, se rebelan contra todos los poderes idolátricos y rechazan toda forma de ignorancia pagana. Allah ha decretado que él y sus mensajeros vencerán. Allah posee la mayor fuerza, es poderoso y prevalece sobre todo.
Tanto el bien como el mal que hagamos recaen sobre nosotros mismos. Cada alma es rehén de lo que se ha ganado con sus actos. Allah, Señor de los mundos, sacará a la luz y pondrá ante nosotros el Día del Juicio tanto el bien como el mal que hayamos hecho, aunque sean del tamaño de una mota. Todo lo que hacemos queda escrito en un libro.
Somos musulmanes, quienes se han sometido a Allah. Nuestro Señor es Allah, nuestra religión es el islam, nuestro libro es el Corán y nuestro líder, nuestro ejemplo y nuestro guía es el Mensajero de Allah. Rechazamos todas las religiones de origen humano, sus falsas divinidades, sus caminos, sus orientaciones para la oración y sus principios. Cada vez que las falsas divinidades intervienen en la vida, la tierra se corrompe y surgen el desorden y el caos. Solo las leyes de Allah traerán paz y sosiego a las personas y al mundo entero. Allah es quien mejor conoce lo que ha creado. Nuestra divinidad es el Señor de los mundos.
Los incrédulos imponen a los siervos de Allah lo que inventan siguiendo sus propios deseos, mediante la injusticia, la tiranía y la opresión, y los obligan a obedecerles. Nosotros, los musulmanes, rechazamos todo eso de plano, lo repudiamos y nos alejamos de ellos para servir únicamente a Allah.
Porque somos musulmanes, somos quienes se han sometido a Allah.
Yakup Döğer
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