
El versículo 76 de la sura An-Nisa del Sagrado Corán dice así:
Puesto que los creyentes combaten por la causa de Alá y los incrédulos por la del tagut, combatid a los amigos de Satanás. Sin duda, las tácticas de Satanás son débiles.
Continúa una guerra simultánea contra los musulmanes del mundo, divididos en 50 Estados, dispersos por 100 países: 2 mil millones de personas que constituyen una cuarta parte de la población mundial. El centro de esta guerra es la fuerza de ocupación sionista y su coordinación está en manos de los sionistas. Últimamente se manifiesta en los ataques de Israel y Estados Unidos contra Palestina, Irán, Líbano, Yemen y Siria; en las amenazas y los preparativos de ataques contra Turquía; en el apoyo de los regímenes europeos que siguen la estela del sionismo; y en las guerras, guerras civiles, masacres, explotación y represión islamófoba desatadas en Asia, África y Europa.
Europa presta apoyo material y moral a estas acciones represivas, que unas veces tienen a Israel como punta de lanza y otras a Estados Unidos. Pero el centro es Tel Aviv. El Estado de Israel financia y organiza el auge de la islamofobia en Europa. El capital que respalda a Israel también financia y organiza la agresividad islamófoba en Estados Unidos. El sionismo está asimismo detrás de la política islamófoba de la India, de la explotación de Cachemira y de los extremistas, e incita también a los ataques contra Pakistán. Estas organizaciones, los nombres de quienes las financian y de sus instigadores, lo que aportan y quiénes lo distribuyen ya no se mantienen ocultos como antaño: son públicos.
Entre los Estados bajo control sionista, el más destacado es, sin duda, Estados Unidos, con sus 333 millones de habitantes: la mayor potencia militar del mundo, poseedora de miles de armas nucleares, que dirige una cuarta parte de la economía mundial y cuya moneda es la divisa internacional. Estados Unidos se comporta como un insecto zombi cuyo sistema nervioso ha sido controlado por hongos, como un ser que abandona sus propios intereses para obedecer las órdenes del parásito.
Muchos expertos señalaron con alegría que las elecciones de mitad de mandato celebradas esta semana en Estados Unidos daban la impresión de un intento de sacudirse ese dominio israelí. En efecto, se habló con satisfacción de lo que parecía el comienzo de una pugna entre quienes defienden «Israel primero» y quienes defienden «Estados Unidos primero», por emplear unos términos cada vez más extendidos. El mensaje que el vicepresidente estadounidense J. D. Vance publicó en X tras las elecciones también dio aliento a esa impresión.
No es correcto presentar la elección de unos pocos musulmanes, sobre todo en Michigan, donde hay una numerosa población árabe, como una gran victoria del islam o el fin del sionismo. Estos musulmanes —uno elegido senador, unos pocos representantes y el resto miembros de asambleas estatales— también fueron elegidos por el Partido Demócrata, desde posiciones de extrema izquierda, incluso con políticas sobre los derechos de los homosexuales y cuestiones similares, como el alcalde de Nueva York, Mamdani. El dominio sionista, la hegemonía de AIPAC, un Senado con un 95 % de partidarios de Israel y las nuevas leyes al servicio del sionismo tampoco han cambiado ni cambiarán. El sistema nervioso del gigantesco Estado zombi no se ha librado del control del parásito.
Sí, la opinión pública estadounidense ve ahora a Israel de forma mucho más negativa, pero eso importa cada vez menos porque, salvo unas pocas excepciones, a los representantes todavía les resulta difícil ganar elecciones sin el apoyo de AIPAC. Las élites y los poderes judicial, legislativo y ejecutivo están en sus manos. En esta era de dominio del Gran Hermano basado en la informática y la inteligencia artificial, la democracia pierde cada vez más importancia.
Este verano, el Gobierno estadounidense convirtió en ley el intercambio de todos los datos con el MOSSAD; en un estado de Estados Unidos sigue siendo obligatorio firmar una declaración de rechazo al BDS y de obediencia a Israel para participar en una licitación. El Gobierno ha iniciado el mayor envío de armas de la historia a Israel y Grecia. Sin duda, contra nosotros.
Veamos si Estados Unidos sigue siendo ahora mismo una colonia sionista:
EL PODER EJECUTIVO ESTADOUNIDENSE: El presidente Trump no ha podido revelar íntegramente los documentos relacionados con Epstein, agente del MOSSAD, porque también él corre el riesgo de acabar en prisión por ese asunto. Se ha purgado al sector del gabinete que mantenía las distancias con Israel, a directores de inteligencia y a generales. El secretario de Guerra Hegseth, el secretario de Estado Rubio, los demás departamentos, el Pentágono y los servicios de inteligencia están bajo control sionista. La ley aprobada este año también les ha impuesto la obligación de compartir datos con Israel. En muchos sentidos, la Administración estadounidense actúa como un gobierno colonial.
EL PODER LEGISLATIVO ESTADOUNIDENSE: Salvo unas pocas personas, el Congreso está compuesto por senadores y representantes elegidos por el grupo de presión sionista AIPAC. Son quienes ovacionan de pie a Netanyahu al estilo de Corea del Norte, como si fueran a reventarse las manos de tanto aplaudir. A juzgar por las leyes favorables a Israel que han aprobado últimamente, la diferencia entre demócratas y republicanos tampoco importa demasiado. En los estados, quienes boicotean a Israel o se oponen a él quedan excluidos a la hora de participar en una licitación o acceder a un cargo.
EL PODER JUDICIAL ESTADOUNIDENSE: El sistema judicial estadounidense, tanto a escala federal como estatal, tiene una estructura marcadamente sionista. Por ejemplo, a principios de este año, un escolar menor de edad de Florida envió en tono de broma un mensaje del tipo «Digámosle a Netanyahu que bombardee la escuela, así tendremos vacaciones». Un juez de origen judío y tendencia sionista lo condenó a prisión con palabras como estas: «Que lo aprenda de pequeño para que no cometa un grave delito antisemita en el futuro». Las fuerzas del orden atacan a porrazos a quienes reclaman justicia para Gaza en los campus universitarios, antes autónomos y vedados a la entrada policial.
LA PRENSA: Si dejamos de lado las publicaciones de oposición fuera de internet, los grandes medios de comunicación se nutren por completo del discurso sionista. Salvo los jóvenes, las personas de mediana edad en adelante se ven influidas por ellos. Por ejemplo, Fox, que se dirige al público de derechas, mantiene un discurso enteramente sionista; incluso han empezado a utilizar esta derrota para purgar a los pocos que aún recelan de Israel, como Vance. Lo de Hollywood y las series ya lo sabe todo el mundo.
La sociedad estadounidense está despertando un poco, es cierto; incluso han empezado a darse cuenta de que Kennedy, que se opuso a la bomba atómica israelí, fue asesinado por el sionismo. Pero ese despertar avanza más despacio que el sometimiento total de Estados Unidos al dominio sionista. Cada vez se toman decisiones al servicio de Israel de una manera más inconcebible. Por otro lado, la libertad de pensamiento de antaño va desapareciendo; las grandes empresas tecnológicas controladas por el capital global están eliminando la intimidad y la libertad y vigilando a todo el mundo.
Por estas razones, sería exagerado pensar que el hartazgo del sionismo entre la población estadounidense, que parece positivo, vaya a provocar un gran cambio. También en muchos países musulmanes la oposición al sionismo entre la población alcanza el 95 %, pero sus Estados y los poderes dominantes van por otro camino.
No ocultemos la impotencia actual de los musulmanes. Quienes llevan una vida mundana «feliz y dichosa» en los países musulmanes suelen disfrutar de discursos como «qué bien va todo, sigamos así, tal infiel también ha encontrado la guía, ay, qué maravilla, una edad de oro». Para no perder las posiciones de poder que han obtenido injustamente, sus casas de veraneo, sus pantallas gigantes y sus todoterrenos, dicen: «Sigamos igual, por favor, que nada cambie, todo va de maravilla». Ahora ofrecen información incompleta con la buena nueva de que el dominio de Israel sobre Estados Unidos ha terminado.
¿Qué ocurre entre nosotros, qué estamos haciendo? Veamos si han terminado los genocidios en el mundo islámico, si han terminado la usura/los intereses, si ha terminado la prostitución, si ha terminado la opresión. Veamos cómo nos estamos preparando para la guerra del sionismo y la Megali Idea, que se acerca a toda marcha, acumula munición y está a nuestras puertas.
Prof. Dr. Kutluk Özgüven
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